OBITUARIO


P. JOSÉ CABA RUBIO, S. I.
(Dúrcal, Granada, 01/03/1931- Granada, 22.07.2012)

Me encomiendan esta necrológica, aunque estos últimos años no he convivido con él en Granada. Pero quizás sea el miembro de la provincia que más tiempo lo ha tratado y convivido con él: en el juniorado, noviciado, magisterio, teología y, sobre todo, tantos años de compañero de profesorado en Roma. - Recuerdo que la noticia de su entrada en El Puerto, me llegó como la de un don de Dios a la Compañía. Y el  recuerdo que prevalece  en mí, ahora que el Señor se lo ha llevado consigo y no lo puedo encontrar físicamente es el de un regalo que Dios me ha hecho  a mí y a la Compañía con su vida. - Llegaba un poco mayor que los demás que entrábamos entonces en la Compañía y con su formación sacerdotal bastante adelantada y sólida. Apreciado por todos, nunca se las dio de nada, ni quiso mostrarse superior a nadie. Pasó con sencillez un año de juniorado y dos de filosofía, siempre destacado  por sus cualidades intelectuales y morales, y siempre amante de vivir escondido en su fidelidad a Dios y a su vocación a la  Compañía. Y así continuó siempre su vida. También en sus años de profesor en Roma. - Sencillez y fidelidad en la amistad. Sonrisa suave sin estridencias, como la fotografía que ha escogido el socio.  Parecía tímido y reservado; pero se daba cuenta de todo y siempre  estaba dispuesto al servicio que se le pidiera. Parecía seco y su sensibilidad era fina. No se entrometía jamás donde no le llamaban, ni a nadie traicionó, ni fue amigo de hablar mal de nadie. Puntual al grupo de los españoles en la cena y en la quiete de la terraza en la  Gregoriana. - Caba fue un hombre de estudio y de oración, ordenado y claro en su vida y en su enseñanza, profundo y amante de lo que el Señor le había encomendado como labor. En realidad fue quien decía la misa más temprana en el Gesú de Roma, durante muchos años, en la capilla de Nuestra Señora “de la Strada”, hasta que esa misa se suprimió en los últimos tiempos de su estancia en Roma.  Los padres del “Gesù” le estaban muy agradecidos. Había hecho su tesis doctoral sobre la oración, muy apreciada en el Bíblico, porque era un hombre de oración. Siempre dispuesto a encargarse de la oración comunitaria y la bendición con el Santísimo, cuando faltaba alguno. Y, los últimos años, muy contento de dirigir el Apostolado de la Oración. - Porque amó mucho a Jesucristo dedicó sus primeros trabajos bíblicos a Jesús (en la historia y en la fe) y siguió   trabajando especialmente interesado en el Evangelio de san Juan,  sobre el Sermón de la Eucaristía y sobre la oración sacerdotal de la última Cena. Nos ha dejado en sus publicaciones el ejemplo de su orden y claridad de vida, su amor a Jesucristo y la fidelidad a su vocación en la Iglesia. Todos habrían pensado que volvería a España deseoso de continuar sus trabajos de estudios en la Facultad de Teología; pero volvió muy contento de dedicarse a la pastoral, como la obra que el Señor quería para él en la residencia de Granada, sin preocuparse de lo que había dejado atrás en Roma. - En sus vacaciones fuera de unos días de descanso en la familia, se dedicaba a dar ejercicios. Son muchas las Congregaciones religiosas que le llamaban como guía de sus Ejercicios de ocho días:  Religiosas de la Pureza de María, Hijas de Cristo Rey,  especialmente. - No ha podido ver en la tierra la beatificación de su primo seminarista, caso que facilitó, según me contó una vez, su entrada en la Compañía por parte de los que se hubieran opuesto a la suya. La “Positio” de esos mártires, ya terminada, me la dejó encargada en Roma, cuando nos separamos, ya que yo podría saber cuándo entregar a su tiempo los ejemplares en la Congregación para las Causas de los Santos. - Fiel amigo de Jesucristo y de sus compañeros jesuitas. Podríamos decir del P. Caba que murió como vivió: sobre el suave césped de una montaña alta; escondido y elevado. No gritó, ni rompió nunca la caña cascada, ni apagó la torcida que aún humea. Pasó haciendo el bien con discreción y en silencio, servidor amante y fiel de Jesús y de su vocación en la Compañía.  - Que Dios lo tenga en su seno y acoja las oraciones por  nosotros, de este don que El nos hizo.

 Manuel Ruiz Jurado S.I.
Sevilla, 24.07.2012